Primera etapa del camino portugués, desde Porto a San Miguel de Arcos

Siguiendo el consejo de la mayoría, nos levantamos temprano para aprovechar a hacer la caminata en las primeras horas de la mañana. El objetivo es evitar el calor y tener la tarde y noche más libre, para descansar de lo andado y visitar los lugares a los que vamos llegando.

Descendemos por callejuelas que transpiran historia hasta Sé, la catedral de Porto. Allí recogemos la Credencial del Peregrino (0,70 €), un libro de cartón que iremos llenando de sellos de los lugares donde pararemos. La credencial, amarronada para disimular uso, es un cartón donde se alojan tipografías y colores como para dar un ataque a algún diseñador gráfico. En la contratapa un montaje nos recuerda el objetivo: sepulcro de Santiago, y en el fondo, la imponente imagen de la Catedral compostelana.

Catedral Sé, en Porto

Poco nos importa el librejo ante lo que nos espera, o ante ese momento breve que nos paramos en el interior de Sé, un edificio de altura y robustez, con más luz de la que esperaba encontrar.

Livraria Lello e Irmao, en PortoAl salir damos una pequeña vuelta por Porto y nos acercamos a la Livraria Lello e Irmão, algunos dicen que es la más bella del mundo. Estamos a primera hora, y quizá por eso, se llena de inmediato de turistas, entre los que nos encontramos nosotros. Un hombre grita “fotos no”, y ahí es cuando uno intenta hacerse el sueco y no entender, pero vamos, no soy el único. Hay libros gigantes por todos lados, de esos que suelen decorar estanterías o servir de sujetalibros en ellas. David hace otro intento, pidiendo el Livro do desassosego y le traen un volumen más grande que su mochila. La librería más grande y bella se nos ha hecho la más inútil.

Tuvimos que coger el metro, siguiendo otra vez los consejos de la mayoría, para evitarnos algunos kilómetros urbanos y así empezar a caminar desde las afueras de Porto. El horario preciso y los ruidos de la velocidad sirven nuestra despedida de la ciudad.

El Camino comienza compartiendo asfalto por carreteras secundarias con coches y motos. El tiempo es agradable, con una brisa suave y varias nubes primaverales decorando el horizonte. Ahora por fin toca caminar bajo el sol y la tímida aparición de algunas gotas.

Los primeros cuatro kilómetros pasan rápido hasta que llegamos a Vilhar do Conde, el primer centro rural que nos encontramos. La cercanía a Porto no le quita magia. Nos paramos a descansar unos quince minutos en un parque, y comenzamos a notar alguna incomodidad. Te preguntas por qué metiste tanta ropa en la mochila, o para qué llevarías ese calzado de repuesto que ya imaginas que no vas a utilizar.

Pero el camino continúa. Y la sensación de soledad va creciendo, y parece que uno va uniéndose al paisaje. La sorpresa agradable se produce al encontrar el Puente de Zameiro. Un antiguo puente medieval algo reformado pero que parece guardar la misma estructura con la que lo construyeron en el siglo XIII. Ya no parece que estemos a sólo unos 20 kilómetros del bullicio de Porto.

Ponte de Zameiro

Desde este punto, iniciamos una leve subida por calles de adoquín romano. Encontramos una fuente de la que brota agua dulce sin parar. No tengo que imaginar lo que significaría para los peregrinos, porque puedo experimentar la agradable sensación del agua en mi propia cara reseca.

El destino de esta primera etapa es Arcos, una aldea de no más de 300 habitantes,a la que llegamos desde un serpenteante camino de tierra. Mientras nos acercamos, las golondrinas vuelan rápido, casi a ras de suelo, buscando entre los campos sembrados su alimento. No puedo evitar pensar en algunas de las parábolas de Jesús. Imagino al maestro paseando entre los campos de Judea y Galilea, observando la naturaleza y siendo lo suficientemente sabio como para aprender de ella, no tanto para dar unos consejos, sino respuestas a algunas preguntas que tantas veces nos hacemos. Una vez dijo: “mirad a los lirios del campo, cómo no se afanan ni trabajan, y ni siquiera el rey Salomón fue capaz de igualar su belleza. ¿No sois vosotros más importantes para vuestro Padre celestial?” Entre los que piensan en apología de la vagancia y los que piensan en la distribución igualitaria de bienes, me quedo con la sencillez de una enseñanza que se entiende mejor caminando. Él tiene trabajo en marcha, como dice una canción de Ben Harper,

Fuente en el camino Portugués, etapa Porto-ArcosYou must do the heaviest
so many shall do none
you may got to stand firm
so many shall run
some they rest their head at night
some get no sleep at all
if you listen close to what you see
you will hear the call
Jah work, Jah work
Jah work is never done

Tras 20 kilómetros recorridos en unas cinco horas, llegamos a la Quinta donde descansaremos hasta mañana. Nada mejor que te reciban con una sonrisa. El fin de etapa se ha hecho duro para nuestras piernas, más acostumbradas a soportar el calor del ordenador que el del sol. Pero uno se siente particularmente satisfecho al comprobar que sí, que somos capaces, que el objetivo está más cercano, que no hay mejor forma de caminar que sabiendo hacia dónde vamos.

Camino Portugués etapa Porto a Arcos