Camino Portugues en Porto

Durante una semana, publicaré mi experiencia por el camino portugués a Santiago. Un diario de viaje de lo que iré viviendo cada día, sin más pretensiones que volcar ideas, reflexiones y momentos de los que el papel se acordará mejor que mi memoria.

Nuestro viaje comienza en Porto, punto de partida de muchos peregrinos desde Portugal. Salimos de Galicia y atravesamos el puente de la autopista en menos de un minuto; no nos da tiempo a fijarnos en el río Miño, sólo vemos el horizonte y el reloj. Las tres y media ya, nos queda sólo una hora para llegar a nuestro punto de partida.

Se hace difícil pensar que aquello que ahora recorremos en poco más de cincuenta minutos nos llevará unos seis días de camino. Empieza a tomar forma la idea de que lo importante no es el destino, es el camino.

Llegamos a Porto sin dificultades. Este fin de semana es centro europeo del indie, con el Primavera Sound de escaparate. En las calles se respira esa pesadez con la que los poperos viven la tarde, sin saber si es hora del café o de cerveza, o tal vez de ambas cosas, consumibles sin quitar las Ray-Ban ni dentro de los bares.

El hotel donde nos alojamos está en frente de la Igreja de Santo Ildefonso, que parece estar en obras. Justo en frente tenemos una terraza donde iremos de inmediato a tomar el primer café portugués de la semana; siempre delicioso y servido con gusto. El hotel es un antiguo cine, reformado ahora para cumplir una función más práctica. Lo escoltan dos edificios abandonados que lucen antiguos carteles de Se Vende.

Una calle principal de Porto

Nuestro primer paseo confirma este aspecto de belleza decadente. Algunos edificios con aroma a siglo XIX cayéndose a pedazos sin parecer preocupar a ricos vecinos, centros comerciales y macrotiendas de moda. Fnac, Stradivarious, Zara, El Corte Inglés. Europa como pasado, España como pegote. ¿Y Portugal?

Feria del Livro en PortoNos acercamos a la Praça da Liberdade. Nos sorprende la Feria del Libro y no podemos evitar perdernos durante una hora entre los pequeños puestos de editoriales y librerías. Una chica tiene un cartel de “Abraços gratis”. Me abraza y le pregunto por qué. Sólo sonríe y busca a alguien más que abrazar. Compramos algunos libros, aunque David se frustra al no encontrar una versión del Livro do Desassossego de Pessoa para poder llevar en el Camino.

Bajamos al río. El Duero, el río del oro, está a cientos de desgastados escalones. En nuestra orilla aparece la vertiente más turística sin disimular su leve decadencia entre tendales y retales de una fiesta local reciente. Imponentes puentes que no atravesaremos nos llevan a las famosas bodegas de Porto, casi todas con nombres ingleses. Empieza a caer el sol creando colores y reflejos atemporales sobre edificios, barcos, farolas, transeúntes y puestos de venta ambulante. El tranvía tiene más fotógrafos a su alrededor que pasajeros dentro. La frescura de la noche se une a los ácidos olores que suben del río.

Todo parece estancado excepto el río, que varía sus colores hasta fundirse con el azul sin luna. Nos llegaron algunos ecos del rock que suena a pocos kilómetros. Esta semana toca otra cosa: escuchar el camino, la respiración propia, y si es posible, la voz de la conciencia.

Dejaremos Porto mañana temprano cargando la mochila y con el recuerdo de pocas horas en esta ciudad, que quizá sólo han llegado para hacer unos trazos que querrán completarse en próximas visitas. Antes de ir al hotel visitamos una cafetería donde nos sirven una copa de Porto. Al salir, caen unas pocas gotas de lluvia que ya estamos pensando en cómo combatir en el camino. Pero eso queda para otro día.

Terei saudade de ti

Porto, ti mesma es saudade.

Ponte en Porto